El título es una reivindicación, efectívamente, pero encierra una ambigüedad intencionada. Supongo que casi todo el mundo estará de acuerdo en que en este país tenemos un déficit en esta materia, pero seguramente entenderemos cosas diversas por «cultura del diseño».

El concepto que me interesa analizar no es el del reconocimiento más o menos popular del trabajo de los diseñadores, su trayectoria, sus logros, ni el de la notoriedad de las empresas que utilizan el diseño y de sus productos, ni siquiera pretendo hablar del criterio del consumidor medio a la hora de distinguir entre un producto bien o mal diseñado. Todas estas son batallas en las que muchos estamos implicados desde asociaciones e instituciones de difusión y promoción del diseño. Hablo de cultura en un sentido más amplio.

Propongo una reflexión acerca de la red de relaciones que conecta el diseño con la sociedad en su conjunto y que da sentido a todo lo que hacemos, porque, ¿basta con divulgar y promocionar el diseño para que todo funcione? no lo creo, y a continuación enumero sólo algunos de los aspectos en los que flaquea la cultura española del diseño.

—Economía: El derecho contable español no proporciona actualmente una fórmula para contabilizar adecuadamente el activo intangible que supone el diseño para las empresas. Difícilmente convenceremos a los empresarios de que el diseño es una inversión y no un gasto, si no disponen de un adecuado tratamiento contable y fiscal de estos intangibles. Si España no avanza claramente en la interpretación de las nuevas normas contables de la Unión Europea al respecto, no sólo se estará dando la espalda al esfuerzo de las empresas españolas por incorporar el diseño y la investigación, sino que ofrecerá pocos estímulos a la implantación en nuestro país de empresas con alto grado de innovación.

—Legislación: En España existe una legislación que protege la creación intelectual y los derechos de autor, que debería servir para estimular la creatividad y la innovación. Sin embargo, en dicha ley no hay ninguna mención al diseño, ni existen mecanismos adecuados para que los diseñadores puedan ejercer y ver reconocidos sus derechos de autor. Este es sólo un ejemplo de la ignorancia del diseño en un ámbito tan fundamental como la jurisprudencia, a la que todos estamos sujetos.

—Educación: No se trata sólo de resolver la necesaria formación de los diseñadores. En España muchas personas pueden finalizar cualquier estudio universitario y de postgrado preguntándose qué es el diseño y para que sirve. Sería impensable que esto sucediera con la ciencia, la tecnología, el arte, el derecho o la política. ¿es que el diseño no ha tenido un papel fundamental en el desarrollo del mundo tal como lo conocemos? ¿por qué el diseño está clamorosamente ausente de la visión de la realidad que se imparte a los estudiantes?
Pero no acaban aquí las carencias. Si el entorno natural del diseño es la industria, ¿qué lugar ocupa el diseño en la formación de los gestores y directivos de empresa? ¿está normalizado y extendido el conocimiento sobre «gestión del diseño» en los estudios empresariales? ¿cómo pretendemos entonces que las empresas españolas asuman el diseño como algo propio, de su cultura?

—Sociedad: No sólo los agentes económicos tienen en el diseño un factor clave de intercambio con los consumidores. También los agentes sociales y los mismos gobiernos pueden aprovechar o desperdiciar el diseño como dinamizador de su relación con el ciudadano. A menudo las autoridades animan a las empresas a utilizar el diseño cuando ellas mismas lo ignoran absolutamente. Es vital que la cultura del diseño se extienda a las Administraciones y sus servicios en todos los niveles, a la configuración y uso de los espacios públicos, a los medios de comunicación. El diseño nació para estar en la calle al servicio de todos, no sólo en los escaparates de las tiendas.

En resumen, es hora de que el diseño salga de su cascarón. En caso contrario, corremos el peligro de alimentar una cultura brillantísima pero endogámica e invisible al mundo exterior. Ahora que se empieza a hablar con insistencia del diseño como factor dinamizador de una economía en crisis, hay que recordar que para que el diseño funcione deben cambiar muchas cosas. Los diseñadores y las empresas estamos listos, pero ¿y todo lo demás?

POR UNA CULTURA DEL DISEÑO (EN ESPAÑA)

2007
Artículo para la revista ONA.

Article for ONA Magazine. Sorry, no english translation.